sábado, 24 de marzo de 2012

Políticamente incorrecta

En el agobiante y a partes iguales hilarante documental Zeigeist 2 (si, hay segunda parte) se habla de la figura del terrorista como fruto de la desesperación.

Yo también estaría desesperada si tuviera familia en Irak, Siria y Palestina. Si los niños mutilados por las bombas fueran mis sobrinos, también tendría ganas de salir a la calle, con una AK47 (el arma favorita de vuestro enemigo) y quedarme más ancha que larga.

Pienso, sin embargo, que elegiría otra clase de víctimas. Los niños pueden ser un verdadero coñazo, pero hay que estar muy mal de la cabeza para herir a alguno. Se necesita ser un auténtico psicópata, un monstruo, para perseguir a una cría de seis años que aterrada grita llamando a su madre.

Todos queríamos colgar de las pelotas a Mohamed Merah y si los críos hubieran sido qué se yo... argelinos, senegaleses, rusos... seguiríamos pensando: “joder, ese tío es un monstruo, habría que matarlo“.

A la misma conclusión al parecer llegaron las tropas de asalto y lo cosieron con 20 balazos por la espalda en un balcón.
Sin juicio, ni presunción de inocencia... ¿pa qué?

Y yo pienso... como pensamos todos, desde luego esto ocurre sólo en situaciones límite. Esto sólo lo hacen con terroristas, nunca le pasaría a una persona normal...
Pero me pregunto, como todos: ¿dejaré algún día de ser una persona normal para este estado global? ¿Cuánto nos falta para que la mera expresión de un desacuerdo se considere terrorismo?

El yihadista de Toulousse ES un monstruo, por su causa han muerto 6 niños. Entonces ¿qué es Amancio Ortega con esas muertes de cáncer en Bangladesh por la manera en que se trabajan la coloración de los tejidos? ¿George Bush? ¿qué son los inversores de las grandes empresas de armamento, quienes tienen a la vez conocimiento de las masacres y poder para detenerlas?

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