viernes, 11 de junio de 2010

Derecho a madurar

Me prometí a mí misma que este blog iba a ir de presentar al mundo mi trabajo, y de teatro. De hablar de las cosas que me gustan, en lugar de criticar. Pero ocurre que

a.  ni hay trabajo que presentar, ni mundo interesado.
b.  nunca he cumplido mis promesas

y c. Accidentalmente, he visto Sexo en Nueva York 2... y si no la pongo a caer de un burro, reviento. 

Así que, las adictas a la saga, que continuaron viéndola a partir de la cuarta temporada, cierren orejicas que esto va en serio.

Y es que mal que le pese a nuestra sociedad, ser niña es una cosa, ser joven, otra y pasada cierta edad una debería ser algo diferente. Vamos, que si a los 52 años que tiene Samantha, propietaria de una empresa en Times Square y un loft en Meatpacking, propietaria de ese tipazo y de las joyas y trapitos Haute Couture con que lo viste aún no te has ganado el derecho a que te llamen Señora Estupenda, apaga y vámonos. 

En algún punto entre los 40 y los 50, digo yo, una deja de ser una "chica" para convertirse, por favor, en una mujer de mediana edad. Incluso con el Carnet Jove metido en el bolsillo hasta los 35 años,  deberíamos tener derecho a dejar de ser "las chicas" a partir de los 36. A ser adultas, categoría alevín, pero adultas en algún momento de nuestras vidas. 
Y como mujeres hechas y derechas o como dicen en mi pueblo "con todo su coño", una debería ser capaz de:

tener paciencia, saber guardar silencio y tomar sus propias decisiones

tres de los escasos beneficios que van unidos al hecho de envejecer. Porque si, al crecer se cambia y se toma una percepción diferente de los conflictos, del tiempo, del propio ser y de la vida (gracias a Dios).

Es por esto que "Socorro, he besado a mi ex-novio en Abu Dabi" me parece un conflicto forzado, por no decir absurdo para una newyorkina casada, cuarentona y con cuatro libros publicados sobre las relaciones de pareja. Un conflicto que sólo  se sostiene si tomamos a nuestra heroína por gilipollas. 
Ahora que teniendo en cuenta que por lo visto, y pese a tratarse de una periodista newyorkina, con cuatro libros publicados, la moza aún no sabe lo que es un zoco árabe, pues no sé, o los guionistas piensan que Carrie es gilipollas o piensan que lo soy yo.

Pero volvamos a Samantha, la Señora Estupenda, metida en su baño de espuma, mascarilla y todo, que ve aparecer de repente a esa Carrie, cuarentona, ondeando los vuelos de su falda pareo como si fuera el vestido de su Primera Comunión,  reclamando desesperada un gabinete de crisis por haber coqueteado y darse un piquito con uno de sus ex... 

¡Gran Escándalo! ¡Qué Problemón! ¡Teléfono Rojo, Mari!

Mira chica, yo por algo semejante no salgo de la bañera. A mí llamarme si por lo menos os lo habéis tirado. O si lleváis un año quedando a escondidas con él.
Qué coño, no me llaméis para eso, porque quiere decir que estáis más interesadas en el morbo que en vuestros maridos y éste conflicto, ya no es asunto mío sino vuestro y de vuestra almohada ¿me entiendes? 

Porque de conflicto, lo que se dice conflicto... la peli va un poco floja. Y eso que pasan por algunos la mar de interesantes como:

¿Amo todavía a mi marido, ahora que sólo es mi marido en zapatillas y con el mando en la mano, en lugar del Príncipe Azul? ¿Y si después de cobrada, la presa deja de interesarme porque en realidad yo he nacido para cazar?

¿Se puede amar a un hijo más que a otro? (Charlotte) ¿Qué hago con este deseo incosciente de abandonar a mis hijos? ¿Qué pasa si estoy ligada a ellos por la culpa, y no por el amor?¿ Qué pasa si uno de mis hijos tiene un grave problema de conducta, uno imposible de solucionar? ¿Qué pasa si el stress que me originan los llantos del pequeño me hace maltratar al mayor?

¿Por qué puñetas mi jefe me hace callar levantando la palma de la mano? (Miranda) ¿Es que tiene complejo de César Millán? ¿Cómo puede una señora abogada de Manhattan, feminista a más no poder, según los guionistas, pasearse entusiasmada entre burkas, chadors y piqués sin conflictos morales de ninguna clase? 

?

¿Cómo puede Samantha, por muy Estupenda que se conserve, pasarse la vida follándose tíos al aire libre? ¿Me vas a decir en serio que no la muelen las agujetas, o que no tiene contracturas en plena faena...? ¿y de dónde coño saca esos tiarrones de anuncio? ¿por qué ninguno está calvo?

En lugar de entrar en éstos interesantes Expedientes X femeninos, los guionistas nos dan gato por liebre escatimándonos el Sexo y sustituyendo Nueva York por un publireportaje sobre la industria hotelera de los Emiratos Árabes Unidos, donde al parecer habitan los peores decoradores del mundo en los palacetes más horteras que una pueda imaginar. 

Una vez dentro de esta pesadilla de oropeles y grifería dorada, que no le cabe un sólo brillo más a cada plano, echan el órdago con los estilismos. 

Cuatro mujeres, que en su día fueron  actrices, quedan reducidas al papel de mamarrachas colagenadas luciendo entre las dunas los peores estampados en los vestidos más esperpénticos que la mente humana pueda concebir. 
No contentos con vestirlas y peinarlas por sus peores enemigos, además las suben a los lomos de un camello de dos en dos, donde algún iluminado llamado Michael Patrick King, misógino, visto lo visto, les da la consigna de mover brazos y piernas en simulado  estado de éxtasis que termina por convertir a nuestras protagonistas en meros espantapájaros articulados.

That my friend is not Enterteinment, that's Esperpento.

 

Obra del momento